Garzón, nos guste o no, tiene cojones. Sí, como suena. Sea malsonante o no. Pero hazte esta pregunta: ¿te meterías en tantos fregaos como él?
Admitamos que no se nos pasaría por la cabeza enfrentarnos a mafiosos rusos, para luego perseguir a terroristas como detener a dictadores genocidas. La lista típica de tareas diarias que te hacen dormir tranquilamente. Ese estilo de vida le permite, entre otras cosas, no pasa desapercibido por la calle.
Ahora Garzón abre un nuevo proceso, esta vez para saber si hubo o no genocidio en España en la Guerra Civil. Y ya todo se ha vuelto patas arriba: los hay a favor y en contra. Como en todo debate ya hay argumentos de uno y otros para defender sus ideas. Parejo con ello, también las debilidades. Quienes lo han sufrido directamente sólo reclaman poder enterrar a sus familiares-todavía-desaparecidos (en su forma legal); los otros – no se consideran franquistas, aunque opinen de tal manera – claman al cielo que tal proceso “parece un disparate” y, que lo mejor, es no reabrir heridas.
Es entonces cuando debemos plantearnos para qué existe nuestra democracia, el diálogo, el sistema judicial y (¡qué coño!) todas esas tontunas del estado de derecho como la separación de poderes. Mientras en otros países como Alemania el análisis de su pasado les ha servido para desarrollarse como nación, aquí nos avergonzamos de aclarar el pasado. Más sorprende si ahora se realiza por iniciativa de una institución desconectada del gobierno que actúa por petición de los ciudadanos que a ella se amparen.
Pero no, nuestra ejemplar Democracia no puede cuestionar el pasado. No se pueden escribir los hechos porque es algo que debe olvidarse. Conozcamos al Homo Antecessor pero no a nuestros abuelos. ¿Por qué? ¿Porque reabre heridas? Algunos creen que con los pactos y leyes alcanzados en los 70 acabaron, por arte de magia, con 40 años de dictadura y sus partes oscuras. Sin embargo, nunca hubo cicatriz como tal, nunca se ha podido hablar de la Guerra Civil (el hecho de nombrarla posiciona a la mayoría en una opción ideológica) de una manera abierta, directa y dialogada. La democracia ahora puede servir precisamente para olvidar el pasado habiéndolo estudiado como debía de ser: en su totalidad, sin parcialismos. Y da igual que sea Paracuellos o Dos Hermanas. Lo que no es indiferente es que unos estén enterrados entre mármoles y otros en cunetas.
No se trata de abrir heridas, sino de cerrarlas.
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La gente dijo…