Águila roja puede que se estrene el veintiuno de enero. Con exteriores rodados en un interesante lugar, la serie de La Primera ya lleva tras de sí un gran retraso (debería haberse emitido en otoño). Y también una gran promoción.
Me aparto de las directrices de la serie (para toda la familia, de aventuras y de época), y me centro en su inversión. ¿Hasta que punto su novedad le hará rentable? Sí, no sueno muy optimista por el proyecto. Esta producción tiene un claro y elevado riesgo por su propia naturaleza. Es una apuesta realmente fuerte aunque esté detrás Globomedia y Televisión Española. Y el contexto de hábito de consumo tampoco es muy halagüeño: fragmentación y otros medios.
Me pregunto hasta qué punto será viable en el futuro apostar por costosos productos habiendo otros de escaso coste que consiguen el éxito suficiente. Hacer una serie nueva del tirón (aunque sean los mínimos capítulos) y emitirla sin saber a ciencia cierta su seguimiento. ¡Dichoso dilema audiovisual! Y es que el riesgo nos acompaña siempre.
Ya lo dice la memoria de FAPAE de 2007 donde se afirma que según el Gabinete de Estudios GECA, de 129 novedades que se ofrecieron, fracasaron más del 80%. La contraréplica a aquellos que se quejan de la televisión por no innovar: los espectadores ilustrados. Entonces, ¿cómo reducir el riesgo en las producciones? ¿Qué umbral de audiencia hace rentable cada producto? ¿Hemos asistido a una especulación de contenidos? ¿De qué manera afectará la TDT en los mismos?
Águila Roja se presenta con gran potencial y aire fresco. Pero, ¿hasta que punto todo el esfuerzo y la inversión será recompensada?
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