Habanito

Reflexiones del audiovisual

El consumo audiovisual de los jóvenes universitarios: conclusiones de un pequeño experimento

¿Cómo consumen los jóvenes el audiovisual en la actualidad? ¿Siguen patrones de consumo tradicionales? ¿Están adoptando nuevos hábitos? ¿Cuál es su opinión sobre la televisión en este estado tan cambiante? Son algunas de las preguntas que me propuse para realizar un focus group por motivos académicos. Y el evento resultó muy enriquecedor por todo.

Hoy dispongo de mis conclusiones. He de aclarar que la calidad del grupo no es ciertamente profesional. Entiendo que la muestra ha sido escasa (sólo un grupo) y que los propios participantes provenían del sector de la comunicación (les predisponen a un mejor conocimiento, uso y crítica del audiovisual). Y, sin embargo, son una muestra proporcionalmente interesante como estudio cualitativo (apenas cuatro grupos son suficientes para ciertos estudios profesionales a nivel nacional) y las conclusiones más importantes son precisamente coincidentes con una unánime opinión.

En fin, suscribo que según el experimento los jóvenes universitarios…:

  1. Consumen muchísimo más audiovisual (sí, tan genérico) que nunca. Todos coinciden en que devoran lo que les gusta. Otra cosa es que se pueda saber/medir.
  2. Las series son el producto más consumido. Lo dicho en la línea de arriba: se devoran. Porque permiten el seguimiento, resultan más interesantes los desarrollos y su calidad general ha aumentado en los últimos años. Atrás queda el cine por dos cuestiones muy comentadas: el acceso (pago, circuitos muy restringidos para ciertas obras, etc.)  y marketing. Admiten que las películas publicitadas las consumen. Otra cosa son las que no existen.
  3. No están, ni estarán, dispuestos a pagar por los contenidos. No al corto plazo. El pensamiento es tan lógico como “¿no está gratis en Internet?”. Más claro, agua. Se llegó a comentar el fenómeno Spotify como posibilidad de pago.
  4. No están dispuestos en ver contenidos por móvil. “Sorprendente”. Respuesta unánime. No lo ven con desarrollo por su incomodidad. Sólo en caso de servicios informativos.
  5. Están dispuestos a tragar publicidad si el servicio es bueno. Las descargas admiten que “queman”, “el eMule cansa” y no quieren perder tiempo. Buscan el mejor servicio VOD y no les importaría ver incluso cinco minutos de publicidad preroll por verlo en condiciones. El vídeo streaming como la mejor solución.
  6. Creen en la necesidad social de la televisión. Es curioso porque en general admiten que no la siguen como sistema de información (Internet es su puerta al mundo) pero la ven necesaria por la inmediatez, su sentido del directo y alcance en la población. Al fin y al cabo, “Internet no llega a toda la gente”. ¿Cuestión de tiempo?
  7. Sí ven la televisión (más de tres horas al día) y ella enseña los contenidos que luego ven en la red. Está relacionada con la anterior. Digamos que la televisión es un escaparate que les muestra lo que hay y de ahí eligen. Tiene toda su lógica: tanto el cine por publicidad, las series y fenómenos surgen con mucha fuerza por dicho medio. De otra manera se ha de esperar el efecto red que no siempre se activa porque sí.
  8. Último punto y que me resulta más importante: Internet les ha cambiado la vida a mejor. Porque les permite acceder fácilmente a la cultura que antes no podían, porque consiguen tener más conocimiento de la realidad social y porque mejora su interacción con el mundo. ¿Quién dijo que es un medio que aliena y empobrece?

Me apena que el tamaño de este experimento haya sido tan escaso y se queden tantas preguntas y debates en el tintero. Aparte de mejorar la calidad del mismo con más y mejor gestionados recursos. No obstante, por aquí seguimos con esa labor.

¿Por qué es tan interesante la opinión de este espectro? Muy sencillo, me baso en que los mismos serán mañana los consumidores potenciales más reclamados y porque el seguimiento de su hábito y de su nueva forma de interactuar con el mundo ayuda a saber por dónde puede enfocarse los nuevos modelos de negocio. Los nativos digitales, al fin y al cabo, son algo distinto a sus mayores. Y algunos hábitos pueden que hayan venido para quedarse. ¿Cómo serán dentro de diez años?

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Lo digital es malo, quémalo (lo dice Rosales)

Leyendo a Nacho Vigalondo sobre su opinión del evento de los Nuevos Realizadores Audiovisuales llego a un gran problema que plantea y temo que nunca acabará (en medida que los fans de cualquier cosa existan. Así, en general):

La vieja (y que yo soñaba herida de muerte) disyuntiva entre Alta Cultura y Baja Cultura se renueva.

Dicho dilema surge gracias al genuino Jaime Rosales, quién no deja indiferente a nadie. Nunca. Esta vez incluso trata el tema de lo digital, Internet y los demonios que conllevan. Declaraciones que me han sorprendido. Supongo que de fondo comparte ese terror psicológico del P2P que tiene el sector cinematográfico español.

Verdaderamente me apena su postura. No la comparto, para nada. Me entristece que su reflexión sea tan reduccionista, conservadora y anacrónica. Considera que lo digital empobrece a la humanidad, incluso llega a desear la desaparición de todo lo digital. Y para ello alude a argumentos tan vagos como la inutilidad actual de un Spectrum frente a las conservadas cámaras Leica o los Volkswagen GTI. O que lo digital sea “fabricar y consumir más provocando productos de peor calidad” frente a lo analógico. Sí, lo ha dicho: calidad. El término ambiguo.

Por ello, no pienses hacer una película pensada para Internet. Es malo. Porque, como dice, ¿viste alguna película creada especialmente para televisión en sus inicios? Digamos que por la misma condición, el cine debería de seguir denostado, sobre todo porque es simple imitador del teatro y de la pintura. Abajo los méritos de Griffith. Y sin embargo, ahora el cine es considerado arte. ¿Quién establece estas cosas?

Me resulta una perspectiva pobre de miras que sólo demuestra la escasa reflexión del cambio comunicacional que ofrece la red. No sólo a nivel cinematográfico. Estamos ante un cambio de paradigma y todo ello conlleva una nueva reescritura de principios de los ámbitos afectados. Que no son pocos. ¿Qué dice de tantos proyectos, iniciativas, empresas y buenas ideas que existen en Internet? ¿También hay que quemarlos? ¡Ay, Rosales! Te creía más reflexivo.

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Alex de la Iglesia: “Me molesta que se vean mal”

Ágora News entrevistó a Álex de la Iglesia tras la presentación de los Premios INVI. Sin duda un documento interesantísimo proviniendo de quién viene. Nada más y nada menos que el único candidato, por el momento, para presidir la Academia de Cine. No tiene desperdicio, véanlo.

Quisiera resaltar en especial su pecado al descargar sólo porno. Ya hemos visto a Álex en otros lares admitiendo que el cine ha de cambiar y buscar una nueva forma de desarrollarse. Es todo una declaración de intenciones aquello de “querer que se vean bien” las películas con “un streaming perfecto”. Queda preguntarse cómo llevar a cabo eso, pues del pago tampoco se ha desecho. Pero algo es algo.

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El consumo audiovisual sumergido

Leo en la última oleada de la EGM la sección sobre la asistencia al cine. Y son muchas las ideas que me vienen a la cabeza. Resulta que a priori más de la mitad de los encuestados no asisten al cine (55,2%). De los que asisten, una gran parte (el 24,7% del total de encuestados) tiene una asiduidad inferior a una película al mes. Y las proporciones para los más asiduos, aquellos que ven una película a la semana o más, no superan el 10% del total. Son datos lógicos, que reflejan lo que ya hablamos normalmente. Pero la gran pregunta es, ¿en realidad cuántas películas vemos fuera del cine?

El punto de inflexión es ver cómo se corresponde la demanda real con la oferta. La gente gusta de ver películas. Ve más de las que pensamos. El problema es conocer por qué vía son visionadas. Ya no sólo si se trata a través de la red sino de la propia televisión. La forma de explotación del cine es anacrónica a la forma de acceso real. El dato que condiciona en mayor medida el resultado de una película es su éxito de taquilla. Pero existe un consumo audiovisual sumergido que pérdidas de dinero indirectamente. No por falta de espectadores sino de ineficacia en la adaptarse a ese tipo de distribución. Al fin y al cabo hay datos de su evolución. Aquel problema que planteó en su día el vídeo doméstico es hoy realidad.

Es interesante ante dicho panorama cómo se desarrollarán las web de video streaming. Si el consumo privado (sumergido) ha existido hasta la fecha con la ayuda de soportes físicos (VHS, CD, DVD, discos duros, PVR), cabe preguntarse si la facilidad de acceso será el valor añadido que les haga despuntar como referencia. Y lo mejor, que será cuantificable. La reducción de material físico o consumo de memoria es un ahorro muy a tener en cuenta. La accesibilidad por la nube es el mejor VOD.

YouTube o Hulu reúnen tanta atención por esa experiencia. Sobre todo el segundo pues demuestra que su forma de exhibición es viable empresarialmente y, aunque es cierto que no puede sufragar las altas inversiones que requiere cada producto-película, su desarrollo a economías de escalas está por ver. ¿Que ocurriría si en vez de diez millones de espectadores potenciales se hablase de cien? Segmentando la publicidad por cada usuario (pague o no) se podría hacer publicidad simultánea.

El consumo sumergido es el dolor de cabeza en todos los sectores del audiovisual. La televisión lo nota en sus carnes más que nunca, afectando no sólo a los productos de ficción o stock. Los eventos deportivos tan bien rentabilizables y altas audiencias cuando pasan por el círculo de pago pueden verse afectados por el acceso indirecto. Los esfuerzos pasan por dar coherencia a los mediciones partiendo de las distintas formas de distribución. ¿Es posible incorporar estos espectadores al negocio? Eso queda por ver.

Y como documento interesante sobre el tema, el reportaje de Joan Planas: ¿Descargas cine español?

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¿Quien puede/quiere producir? Twitter se suma a ello

Desde la aparición de YouTube se ha hablado mucho del user generate content. Es cierto: desde que existe el famoso agregador de vídeos todo el mundo, con escasos medios, puede disponer a la audiencia global de sus propias producciones. Lo dicho, todo el mundo.

Las quejas de la calidad de dichos contenidos siempre ha estado de actualidad y, sin embargo, hemos podido ver cómo esa apenas existencia de medios conseguía saltar a la televisión. En la audiovisualización de Internet cualquier persona puede participar y no sólo las Majors. Así surge la noticia de que Twitter plantea realizar un show de televisión. Dejando aparte la cuestión de qué es televisión o no en la red, se evidencia así la posibilidad que tienen las empresas de tomar la iniciativa en la creación de sus propias producciones audiovisuales.

No es el primer proyecto ni tampoco será el último. Simplemente se abren las posibilidades a todos los ámbitos: particulares, empresas ajenas al sector, etc. Bienvenidos al mundo de la producción global dónde sólo hay que saber qué proyectos escoger y cuáles no. Bueno, entre otras más cosas.

Actualización: leo en TVlia que ha sido desmentida la noticia.

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