En otras palabras: llegar a su público. Según una noticia en El País, éste considera al cine español como “bueno” o “muy bueno” en un amplio porcentaje (60%). La lectura evidencia que al público si le gusta el cine patrio. Más allá de una supuesta imagen de autor inaccesible, de lecturas imposibles de llevar al público mainstream, el cine español es aceptado. Si el público no lo rechaza, ¿por qué no es tan seguido?
Sin duda, España reúne una cultura de contraste tan peculiar como ninguna. En la noticia destacan que más del 70% de los encuestados apoyan que se persiga las descargas ilegales, que ven cine español pero en casa o que las películas no entroncan con los gustos del público. ¿Qué puede significar todo esto? Para empezar, que el problema sigue siendo el mismo: la falta de consolidación de una industria cinematográfica coherente con sus espectadores. Ni se promociona ni se protege como es debido, afirman los entrevistados. En caso de cumplirse esos requisitos hemos podido ver cómo el público español respalda las propuestas. De ahí la importancia de ser realistas y no pensar en términos de cultura sino de industria.
Otro detalle a tener en cuenta es el problema del marketing. Me explicaré con una pregunta: ¿por qué en un cine ante una película española mucha gente prefiere evitarla? Existe una mala predisposición heredada durante muchos años a no aceptar las películas españolas por motivos culturales. La imagen del cine español como “dramas sociales, películas intimistas y de posguerra” es algo que en la imagen colectiva es difícil de cambiar. La justificación de ver las películas en casa: lo importante es no gastarse los euros en aquello que de primeras crees que no va a gustarte. No hay más que ver las campañas de promoción que hubo en torno a Alatriste, El Orfanato, Mentiras y Gordas para comprobar cómo, cuando las películas tienen buena campaña de marketing, los resultados mejoran. ¿Es dinero? Cierto. Pero no se puede sostener una industria con apenas títulos punteros que benefician su propia publicidad y no la global de todo el sector. En otras palabras, fomentar que tus éxitos ayudarán a los míos.
Resulta ser el punto de inflexión de siempre. Siempre he creído que el problema del cine español ha sido de imagen y no de producto, de llegar al público como bien y no como obra de arte o “la nueva de”. Muchas veces pienso que para ayudar al cine de autor podría ser necesario escapar a su tiranía y saber entremezclar formas de hacer cine. Más ahora cuando la globalización recrudece la competencia al igual que aumenta las oportunidades, se ve necesaria un cambio en la mentalidad en España en este sentido. En realidad, siempre ha habido esa mentalidad si bien no ha habido un riesgo en general. De ahí la importancia de las deciciones que tomen las instituciones implicadas. Pues en un entorno donde el riesgo empresarial no forma parte de nuestra cultura, los apoyos no son mal recibidos. Eso o que sangre fresca venga a cambiar el panorama. En todos los sentidos.
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Al no haber más candidatos, Álex de la Iglesia se confirmó como nuevo Director de la Academia de Cine. Recientemente en los Premios INVI, el director habló sobre todo un poco y aludía a Internet como la asesina del cine y la televisión. Aunque también confesó el empleo de la red para acceder a contenidos y que podríamos dar por verosímil pese a su aire de cachondeo.
La gran pregunta que suscita su nombramiento es si bajo su dirección podremos ver cambios en el sector. Es consciente de la situación, cosa que reflejó en los pre-goyas, pero reúne tanto comentarios a favor como en contra de la intervención o no. Resulta ser un profesional entre el estilo de autor y comercial; entre una generación tradicional en el saber hacer y viceversa. Reúne, en fin, un perfil que se mueve en esa ambigüedad que otros no demuestran. Tras el cambio de ministros que hubo con la llegada de Sinde y tras el nombramiento de Guardans, comienza a consolidarse los nuevos agentes clave del cine español. Relaciones que se han de mirar con lupa pues pese a todas las quejas habidas hay ciertos matices muy interesantes. Si bien no resulta un cambio radical y obvio, sus intervenciones demuestran un aperturismo a nuevas perspectivas para enfocar el futuro del cine en España. Veremos qué sucede.
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En primer lugar quería agradecer a Gonzalo Martín la oferta en participar en el evento. Al igual que a todo el estupendo equipo (Magda, Albert, Xavier, Sergio, Jaime, Héctor… ¿Me dejo a alguien?) que ha habido detrás y que él mismo agradece y me incluye. Sin duda toda una experiencia de la que he aprendido muchísimo y que sienta precedente en este ámbito tan poco explotado todavía. Me ha parecido que todo se desarrolló estupendamente y, por mi parte, no tengo ninguna pega: cumplió con mis expectativas. Además, siempre se puede mejorar. A propósito, otros más capacitados que yo ya han hablado del evento y no está nada mal echarles un ojo.
Se habló, presentó y debatió mucho y bien, lo que ha favorecido al intercambio de pareceres en un esfuerzo común por encontrar claves de desarrollo. Especialmente me gustó la mesa redonda por la participación que suscitó: el hecho de encontrar ideas contrapuestas enriquece mucho más el evento. Es un campo por explorar, salvaje, por lo que estos encontronazos son positivos. Hay interés. Lo anodino no tuvo hueco en él. He de admitir que no terminé por adherirme a ningún bando, en tanto cada uno llevaba su razón. No me pregunten por qué, pero la idea del equilibrió rondó de nuevo por mi cabeza.
El evento lo constató: era necesaria una conversación. Encontrando esos detalles, esas necesidades de cada uno y sacándolas a la palestra se consigue encontrar nuevas vías de relacionarse entre los participantes. Es cierto que gran parte del mango lo tienen anunciantes, centrales, agencias…, pero el saber forzarles (¿dar resultados como pedía David Lahoz de Zed Digital?) es la clave. Otra cosa es hacer oídos sordos. Bueno, tiempo al tiempo.
En fin, destacaría varias ideas a modo de conclusiones. Aunque como todo esto puede ser distinto mañana:
- El contenido. Txaber Allué dió toda una lección. “Contenido, contenido, contenido” como la base de todo tu proyecto. Lo suscribo totalmente (hagánle caso, ha conseguido relacionarse con una marca Grande). Pero claro, este punto tiene su trampa, porque la pregunta es ¿qué es un buen contenido? Aparece el mundo de la subjetividad contra los parámetros. Y eso lo complica. Hoy me mojo y diría que el contenido es bueno en tanto satisfaga al público que vaya dirigido. Y destaco dos aspectos importantes: la técnica y la creatividad (lo utilizaré de forma temporal). La técnica es obvia: HD, calidad broadcast, etc. La calidad de producción tiene una proporción directa con los resultados. La creatividad la entiendo como esa capacidad de conexión con el espectador en forma de ideas. Algunos la llaman conexión emocional, otros lenguaje audiovisual, lo que sea. Yo, que no puedo con tanto, simplifico: cosa “de guión” (storytelling). Y eso ya es todo un mundo por conocer.
- Modelos de negocios. También se ha constatado que la dependencia en exclusiva en publicidad no es lo ideal mientras esta no sea consistente en Internet, al menos adaptada al vídeo online. La conversación se vuelve al tema del pago. ¿Por suscripción? ¿Por visión? No lo sé… Pero está claro que es necesario otros tipos de ingresos. Me atrevo a afirmar que de entrar en el tema del pago, quién tendría la pinta de avanzar con mejor pie serían los medios tradicionales porque al fin y al cabo se invertiría el concepto: “Si puedo verlo gratis en Internet, lo veo” por “Si tengo que pagar, pago a lo malo conocido.” Elucubraciones aparte, esto demuestra otro problema de fondo…
- La financiación. (En realidad, ¿cuándo este asunto no es un problema?) Las grandes empresas tradicionales gozan de esa confianza a nivel empresarial que otras iniciativas online no poseen. Creo que es muy importante en ese sentido unificar criterios dentro del sector, crear estándares o reglas de un buen hacer (¿sobre qué?) para ir llamando la atención de la consolidación. A todo ello me pregunto, ¿es necesario la creación de lobbies para las empresas online? ¿Hay que segmentar dichas asociaciones en cuanto a tipo de empresas al igual se diferencia entre UTECA y AEDE? El día en que medios tradicionales inviertan con seriedad en este campo la situación se complicará sobremanera. Ahora es el momento de aumentar las ventajas competitivas y acumular el mejor saber hacer.
Muchos temas de conversación deja abierto el primer Brands and vídeo. Mientras tanto, esperaré escribiendo por aquí. Hasta la próxima convocatoria.
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Con una agenda consolidada y a apenas un día de su celebración, rescato la celebración de Brands & Vídeo. Evento en el que servidor es colaborador. Contaremos con interesantes propuestas, entre ellas una premiada en el último MIPTV. Ha sido mucho el interés suscitado así como lo destacado del evento. Sin duda pionero en España y en el cual podemos aprender mucho entre todos. Hago las maletas, nos vemos en Barcelona.
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El diablo está en los detalles. De confirmarse la noticia de ECD, a propósito de la destitución del Director de Deportes de TVE, las cosas serían menos sentenciosas cómo tantos medios han comentado. No voy a numerar ninguno. Ni soy quién para dar por correcta la información.
En su momento se acusó a RTVE de manipulación. Curioso porque en RNE lo emitieron íntegramente. De hecho, comentaron a posteriori que no compartían la reacción de los aficionados pero que como medio de comunicación debían de contarlo como sucedió (servidor lo estuvo escuchando). También se atacó al despido del ex-director por desmedido y que fuera cabeza de turco para limpiarse las críticas habidas.
Y, sin embargo, el mundo de los grises volvió a afirmarse. Si creemos la noticia, se puede destacar la fragilidad de la responsabilidad de cada puesto en televisión. Si bien algunos tienen obviamente mayor presión que otros, se comprueba cómo los errores pueden tener consecuencias más graves. A título personal siempre es negativo no cumplir con los objetivos (o debería ser así) pero cuando la exposición al fallo es tan fácil como en la emisión, la cosa es más complicada. Toda empresa o trabajo tiene puestos de estas características pero en televisión puede tomar más gravedad. Tómese el ejemplo: por no realizarse bien la emisión (o léase “no emitir los pitidos”) la cadena cosechó en un día una imagen negativa. Y limpiarla cuesta lo suyo.
En televisión, según emites, eres. Si un directo se cae, eres mal profesional. Si tus programas son verduleros, eres verdulero. Si emites negro, ni te cuento… Si RTVE no muestra los pitidos, censura. La cuestión fue que no sólo era el ente. Por lo visto, partió de una persona concreta. Existe una gran diferencia. Porque si las críticas han ido al ente y sus gestores, hay motivos para dirigirlas a otra persona. Pero ya es tarde.
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La gente dijo…