Leo en el blog de Sonia Blanco su queja ante el morbo de las televisiones generalistas. Es a propósito del asesinato de Carlos Palomino. El Metro de Madrid grabó las imágenes y con ellas los informativos de varias cadenas realizaron una reconstrucción de los hechos.
Vuelve a surgir el tema de lo morboso, su indecencia y de la responsabilidad social que tienen las cadenas (y medios de comunicación en general) para evitarlo. El hecho de centrarse en esta forma de presentarse la información puede caer en un círculo vicioso en contra de la calidad informativa (y de imagen de la cadena). Creo que la única forma de presentar una noticia sin que se le acuse de manipulada, indecente, segmentada o morbosa es a través del dato. Pero requiere igualmente muchos esfuerzos para su lectura y encontrar la esencia de lo que realmente significa. No existe el tiempo suficiente para esa experiencia.
No obstante, este asunto es siempre actual y vuelve a recordar lo que ya ocurrió con Jade Godin. Cuando la información existe en su abundancia y a través de otras vías se puede acceder a ella, ¿qué sentido tiene reprimir ciertos contenidos? Las imágenes del vídeo, realmente fuertes, son la prueba más veraz que existe para detallar la noticia. La fuente en estado puro. La verdad. El problema de las televisiones es su sentido de continuidad y la inevitabilidad de evitar su emisión. ¿Podría evitar la TDT esta situación sugeriendo con la interactividad el visionado o no de estos contenidos? El típico aviso de “las imágenes a continuación pueden herir su sensibilidad” junto con un “pueden elegir verlas o no”.
Hay que recordar, que se accede al vídeo por El País.com y su activación depende del propio usuario clikeando. Resulta irónico que en una sociedad dónde la exigencia de pruebas y de la verdad sea más abundante, este tipo de material se vea censurado una vez introducido en el mundo de la abundancia. Sonia misma publica el vídeo para que nosotros, sus lectores, lo veamos y sepamos todos de qué estamos hablando. Lo que sí ofrece ella frente a las televisiones es la opción de querer verlo o no. Lo que me suscita algunas reflexiones: ¿al enlazarlo al blog estaría cayendo en la misma situación que los demás medios? ¿Sólo los internautas deben acceder a este tipo de contenidos y no los televidentes? ¿Qué les diferencia entonces? ¿Cuál es el ámbito de exhibición de esas imágenes?
Está visto que en la sociedad de la información lo importante sigue siendo el creador del contenido: de su decisión moral de emitirla o no dependerá toda la distribución. Una vez difundida, poco se puede hacer por limitar el acceso. También cabe preguntarse en el siglo XXI, con una ya vasta cultura audiovisual, saber cuál es el límite de lo emitible o no. La gran pregunta es: si hubieramos tenido el vídeo comentado en nuestra manos, ¿cómo deberíamos haber actuado?
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La gente dijo…